Comunismo Sexual

Karl Marx nunca escribió una sola palabra sobre la sexualidad. Su enfoque estaba en la economía, la lucha de clases y el conflicto entre oprimidos y opresores. Sin embargo, la ideología marxista se ha extendido prácticamente a todos los ámbitos de la sociedad, tal como él visualizó. Puede que los términos hayan cambiado, pero las ideas que la sustentan siguen siendo las mismas.

Ahora, estas ideas se enseñarán a los niños a través de la educación sexual desde la primaria. Aprenderán conceptos como diversidad, igualdad, tolerancia, aceptación y justicia social, especialmente en relación con la identidad de género y el transgenerismo.

¿Por qué enseñar educación sexual a niños tan pequeños? Porque cuanto antes se les enseñan estas ideas, más se grabarán en su memoria, especialmente cuando provienen de una figura de autoridad, como un maestro. La repetición también es clave, y es aún más eficaz cuando no existen ideas opuestas que las cuestionen.

Asociar estas ideas con emociones las hace más impactantes. Al despertar sentimientos positivos, como la pertenencia o la aceptación, o negativos, como el miedo al rechazo, los niños son más propensos a seguir al grupo. Además, usar colores, imágenes u otros estímulos visuales hace que el aprendizaje sea más atractivo. Todos estos métodos facilitan que los niños estén abiertos a aprender sobre lo que quizá no deberían.

En psicología esto se llama Efecto de Primacía, pero técnicamente, se trata de adoctrinamiento. Los niños pequeños no tienen la madurez intelectual suficiente para evaluar críticamente lo que se les enseña. No se permiten perspectivas alternativas, especialmente si incluyen la verdad o hechos verificables, ya que interfieren con el mensaje. Y, por supuesto, se utiliza el reforzamiento, que no es más que una forma de manipulación emocional.

Es muy posible que los padres no sepan lo que sus hijos están aprendiendo. Y aun si lo descubren, la interferencia generalmente no está permitida. Dios guarde que desafíes esta ideología con tus propias creencias y valores. En este marco, la moralidad no tiene lugar en la educación sexual, y ese es el núcleo de la influencia marxista.

La ideología transgénero moderna no es ciencia, es una filosofía. No tiene base en hechos comprobados. Es un sistema de creencias promovido por personas que tienen intereses personales en lograr el reconocimiento social, la afirmación y la aceptación. Ninguno de ellos era marxista, pero sus ideas sí eran.  El objetivo final es eliminar el juicio moral y los valores tradicionales de la sexualidad. En otras palabras, una sexualidad sin límites.

Estos son los principios centrales de la ideología transgénero:

  • La identidad de género es interna – el género no depende del cuerpo
  • El género lo define la persona – tu género depende de tus sentimientos
  • Género y sexo no son lo mismo – uno es cómo te sientes, el otro es tu cuerpo
  • Respetar y reconocer el género de cada persona – todos deben aceptarlo
  • Evitar la discriminación y el estigma – normalizar la diversidad sexual

Estos principios dejan claro que esta no es una filosofía basada en el intelecto, sino en se ntimientos y emociones. No se fundamenta en hallazgos científicos, sino en las suposiciones teóricas de hombres cuyas motivaciones personales y profesionales que se anteponían al bienestar del paciente. El siguiente caso es prueba de ello.

En 1965, los gemelos canadienses, Brian y Bruce Reimer, de ocho meses, fueron circuncidados. Durante la intervención de Bruce, un fallo en el equipo destruyó su pene. Unos meses después, los señores Reimer contactaron al Dr. John Money, psicólogo y sexólogo de Johns Hopkins University Hospital, en Maryland, Estados Unidos.

El Dr. Money les aseguró que, a esa edad, el género y la identidad sexual podía ser condicionada socialmente. En otras palabras, extirparle los testículos, crearle quirúrgicamente una vagina y criarlo como una niña lo llevaría a identificarse como mujer. Siguiendo su consejo, los Reimer criaron su hijo como Brenda, pero lo que el doctor Money no les dijo fue que su propuesta no era más que una teoría, un experimento.

Desde un principio, Brenda odió ser niña. Siempre prefirió la ropa, los juguetes y las actividades de los chicos, lo cual la hacía sentirse muy confundida.  A los doce años, comenzó a tomar bloqueadores de la pubertad para inhibir el desarrollo masculino y estrógenos para favorecer las características femeninas. Sin embargo, aunque le crecieron los senos, se daba cuenta de que no era como las demás muchachas.

Brenda no menstruaba, y tanto sus rasgos faciales como su cuerpo eran notablemente más masculinos que femeninos. Sus compañeros de colegio se burlaban de ella, lo cual le causaba mucha angustia. Sufría de depresión y con frecuencia tenía pensamientos suicidas. No obstante, el Dr. Money insistió en que era necesario continuar con las cirugías para crearle una vagina funcional. Aseguraba que así aceptaría ser mujer.

Desesperados, los Reimer llevaron a Brenda a ver al psiquiatra canadiense Dr. Keith Sigmundson, quien les aconsejó que le dijeran la verdad. Les advirtió que ocultarle su verdadero sexo biológico era peligroso para su salud mental. A los 14 años, sus padres finalmente le contaron la verdad. A pesar del impacto inicial, sintió una profunda sensación de alivio.

Inmediatamente decidió vivir como el chico que sentía ser, adoptando el nombre de David. Dejó los estrógenos y comenzó a tomar testosterona. Poco después, se sometió a una doble mastectomía y, en 1980, cuando tenía quince años, se sometió a una cirugía para reconstruir sus genitales masculinos.

Pero para David Reimer, la situación no mejoró, ni siquiera después de vivir como hombre. La extirpación de sus testículos de pequeño lo dejó infértil y dependiente de la terapia de testosterona por el resto de su vida. Aunque

 Los genitales creados quirúrgicamente—una vagina en la infancia y un pene durante la adolescencia—nunca fueron completamente funcionales para la actividad sexual.

En 1990, se casó con una mujer que era madre de tres hijos, a quienes posteriormente adoptó. Sin embargo, sus intentos de llevar una vida normal estuvieron marcados por depresión crónica, ansiedad e ideación suicida. Su inestabilidad emocional le impedía mantener un empleo de manera sostenida. Traumatizado por su experiencia, desconfiaba de médicos y psicólogos. Guardaba un profundo resentimiento hacia el Dr. Money y, en ocasiones, también sentía ira hacia sus padres.

Desde 1972, el Dr. Money publicó un libro titulado Man and Woman, Boy and Girl (Hombre y Mujer, Niño y Niña), en el que describió el caso John/Joan, como lo llamó para mantener el anonimato de los Reimer. En ese libro, introdujo su teoría de la neutralidad psicosexual desde el nacimiento, que postulaba que la identidad de género se formaba principalmente por socialización y no tanto por biología.

No fue hasta 1997 que el Dr. Sigmundson fue el coautor de un artículo académico en el que informó que el caso John/Joan había sido un fracaso, contrario a lo que había reportado el Dr. John Money por años. Refutó la suposición de que los bebés son psicosexualmente neutros al nacer y que una identidad de género saludable depende únicamente de la apariencia de los genitales o la crianza.

El artículo también reveló que, aproximadamente cada seis meses, los hermanos Reimer tenían visitas presenciales con el Dr. Money. Durante estas sesiones, los gemelos eran obligados a simular actos sexuales y a comparar sus genitales, mientras Money los filmaba y fotografiaba. El Dr. Sigmundson animó a David a hablar abiertamente sobre su experiencia, con la esperanza de que eso le ayudaría.

En una entrevista televisiva, David contó su historia y dijo que el Dr. Money había sido abusivo y que lo había tratado como un experimento. Señaló que saber la verdad sí había sido un alivio, pero que el daño psicológico era permanente. Enfatizó que no quería que su vida fuera utilizada para justificar decisiones médicas similares.

Por su parte, a Brian Reimer no le fue mucho mejor. Había sido testigo del sufrimiento de David desde el principio: vio cómo su gemelo era maltratado en la escuela mientras se veía obligado a vivir como una niña, así como todas las dificultades que enfrentó para reafirmar su identidad como hombre, además de las humillantes situaciones que compartió en las consultas con el Dr. Money.

El sufrimiento de su “hermana” y las humillantes sesiones de interacción sexual fueron psicológicamente dañinas. Nunca hubo para él una sensación de alivio al conocer la verdad como la que tuvo David. Sufrió de estrés postraumático, depresión y ansiedad. Tuvo problemas de adicción y, según varias fuentes, desarrolló esquizofrenia en la edad adulta; sus esfuerzos por llevar una vida normal fueron imposibles. En 2002, Brian se suicidó. Dos años después, David también se quitó la vida.

John Money no estaba motivado por la ciencia ni por un verdadero deseo de ayudar a David Reimer. Había dedicado toda su carrera a intentar validar una teoría falsa por motivos personales. Se sabe que era bisexual y participaba en prácticas sexuales que se consideraban perversiones. De hecho, fue fundamental en logra que se sustituyera el término «perversión» como descripción clínica por el de «parafilia».

Fue Money quien popularizó conceptos como el rol de género y la preferencia sexual. Abogó por la fluidez sexual, los matrimonios abiertos y el sexo en grupo. Se negó a condenar la pedofilia y otras prácticas sexuales consideradas aberrantes. Claramente, buscaba normalizar su propio comportamiento. Lo mismo ocurrió con dos hombres que influyeron en Money.

Magnus Hirschfeld fue un médico alemán que desde 1897 intentó descriminalizar la homosexualidad y la sodomía. Organizaba grupos de homosexuales alentándolos a vivir abiertamente sus proclividades y pelear por la emancipación y la igualdad sexual. En 1930, practicó la primera cirugía transgénero en un hombre que no solo quería ser mujer, sino quería dar a luz. Hirschfeld le implantó un útero artificial, lo cual acabó con su vida.

Contaba con una biblioteca extensa de material pornografía y erótica en su Instituto de Ciencia Sexual, que fue destruida por orden de Adolf Hitler. Era un caso del diablo echando fuera al diablo. Ninguno de sus experimentos dio resultados positivos, pero eso no evita que sea considerado un pionero en el campo de la sexología y la ideología transgénero.

Lo mismo puede decirse de Alfred Kinsey, zoólogo que más tarde se convirtió en sexólogo y en uno de los pilares de la llamada revolución sexual. Un hombre perverso y trastornado, afirmaba que la mayoría de los comportamientos “desviados” eran estadísticamente comunes, aunque era conocido por manipular y falsificar sus estadísticas. Personalmente participó en experimentos sexuales como parte de su investigación, pero lo más atroz de su trabajo se realizó con niños.

Estos son los pilares de la ideología transgénero moderna. Tres hombres más interesados ​​en normalizar su propio comportamiento que en la verdad. Y al decir normalizar, debe entenderse que querían ser vistos como normales. Tanto fue así, que ni siquiera pensaron en las posibles consecuencias y daños. El doctor John Money es particularmente culpable en este sentido.

En 1967, fue cofundador de la Clínica de Identidad de Género en Johns Hopkins donde atendían niños con anomalías físicas, genéticas y hormonales que afectaban el desarrollo, así como casos como el de David Reimer. Sin embargo, el enfoque principal de Money fue la reasignación de hombre a mujer en la infancia o niñez para probar su teoría.

¿Qué habría sido de la vida de David Reimer si no lo hubieran castrado y simplemente lo hubieran dejado vivir como hombre?

¿Qué habría pasado si él y su hermano no hubieran sido tratados como ratas de laboratorio, forzados a simular actos incestuosos?

¿Por qué los médicos y profesionales de la salud mental continúan difundiendo ciencia falsa?

¿Por qué no se menciona que la mayoría de los jóvenes que se identifican como transgénero eventualmente prefieren su sexo de nacimiento si no reciben ninguna intervención?

¿Por qué tampoco mencionan que los jóvenes que reciben tratamiento hormonal son hasta 50% más de probabilidades de suicidarse? Además, estudios recientes indican que también son más propenso a desarrollar cáncer.

Detrás de la ideología transgénero hay una corriente ideológica más profunda y oscura. El verdadero propósito del marxismo es transformar la sociedad y eliminar los fundamentos religiosos de todos sus aspectos. Esto incluye desmantelar instituciones tradicionales como el matrimonio, la familia, la iglesia, la educación y la cultura. En otras palabras, su intención es la eliminación total de Dios de la vida humana.

Ya sea que creas en Dios o no, no permitas que tus hijos sean engañados por mentiras, ciencia falsa y tácticas psicológicas manipuladoras.

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