Recientemente, una destacada experta en el tema del narcisismo estimó que una de cada seis personas es narcisista. Eso significa que casi 1.500 billones de personas de la población mundial son narcisistas. En 2013, investigadores de la Universidad de Columbia en Nueva York informaron que el estadounidense promedio conoce a 600 personas. Esto incluye familiares, amigos cercanos, compañeros de trabajo y conocidos casuales. Cien de ellos son narcisistas. Ahora, no existe ninguna investigación de este tipo para los países latinoamericanos, pero aun cuando el número se redujera a la mitad, representa 50 narcisistas con los cuales hay que lidiar.
El espectro del narcisismo es muy amplio. En el nivel más alto es un trastorno de la personalidad lo cual impide un buen funcionamiento en varias áreas de la vida y sobre todo en las relaciones interpersonales. En niveles menores, también hay disfunción, pero no tan severo como en el caso del trastorno. En todos los casos de narcisismo hay un desarrollo detenido. Es decir, hay una falta de madurez emocional. Así como un niño depende de los demás para satisfacer sus necesidades, también es así el narcisista. Establece una falsa imagen con la cual se autoengaña, pero no puede sostenerla sin la ayuda de los demás quienes le proporcionan con un suministro narcisista.
Las características principales del narcisismo son: un sentido exagerado de auto importancia, fuerte necesidad de admiración y validación, inhabilidad para empatizar con los demás, un sentido de merecimiento, fuerte necesidad de atención, conducta manipuladora, autoestima frágil, inhabilidad de aceptar la critica y grandiosidad. Los narcisistas nunca se presentan tal cual son. Al principio son encantadores, afectuosos, atentos y muestran interés en los demás. Sin embargo, esta imagen falsa desaparece con relativa rapidez. y es reemplazado por frialdad, crítica y acusación. El comportamiento del narcisista nunca es culpa suya. Siempre hay alguien más a quien culpar de sus defectos.
El narcisismo ha ido en aumento durante varias décadas, pero es sólo en la última década que la gente ha empezado a entender qué es el narcisismo. En la mayoría de los casos, es porque han sufrido abuso a manos de un narcisista. Algunos por muchos años sin saber con quien estaban tratando. Esto se debe al hecho de que los criterios oficiales de diagnóstico del narcisismo describían al narcisista grandioso. El fanfarrón que es fácilmente reconocible. Pero no todos los narcisistas son fanfarrones. También hay formas sutiles como el narcisismo encubierto, el narcisismo vulnerable y el narcisismo comunitario, todos los cuales son más difíciles de reconocer. Lo peor es que las personas que sufren este tipo de abuso no lo ven. Le creen al narcisista. Niegan, justifican y racionalizan el comportamiento del narcisista, sin importar cuan mal los trata.
Éste es el verdadero problema del narcisismo. Es una negación de la realidad en la que hay que creerle al narcisista a toda costa, no importa cuán mal se porta. ¿Cuál es la recompensa de la víctima? Ansiedad, depresión y, en algunos casos, la enfermedad. Por supuesto, esto ayuda al narcisista a culpar a su víctima por su propio comportamiento. La que está mal eres tú, yo no. Y su víctima le cree. Duda de su propia percepción, pone en tela de juicio su cordura y redobla sus esfuerzos para satisfacer a su verdugo. ¿Qué más puede pedir un narcisista? Tiene un suministro interminable que no requiere absolutamente nada de él. Y si en algún momento se le exige algo, empieza su retirada campal.
Todo lo que hacía tan atractivo al narcisista, la atención, el cariño y la admiración que brindaba, el tiempo pasado juntos y el interés que mostraba se va por el caño. A esto se le llama el descarte, precisamente porque su víctima ya no lo es útil. Ya no lo hace sentir como al principio que es lo mismo que siente la persona que es descartada. La diferencia es que toda la atención que brinda el narcisista es de entrenamiento. Es decir, está educando a la otra persona sobre cómo quiere ser tratado, pero no porque sienta eso hacia ella. La otra persona, en cambio, generalmente va a hacer un mayor esfuerzo para recuperar al narcisista sin darse cuenta de que realmente nunca lo tuvo. Le pide peras a un olmo.
No existen tratamientos efectivos que conduzcan a una mejora y mucho menos a una cura. Tampoco hay manera de prevenirlo. Se cree que el medio ambiente, la genética y la neurobiología pueden ser factores contribuyentes, pero, hasta el día de hoy, se desconoce la causa real del narcisismo. Como se ha dicho aquí en varias ocasiones, el narcisismo no es un problema psicológico ni un trastorno mental es mucho más grave que eso. Es un problema espiritual, un trastorno del alma. Una de las características principales del narcisismo es la falta de empatía. Alfred Adler, contemporáneo y alumno de Sigmund Freud describió el concepto de la empatía de la siguiente manera: “Mira con los ojos de otro, escucha con los oídos de otro y sentir con el corazón de otro.” Pero el narcisista no es ciego ni sordo. Puede ser que se muestre afligido o incluso lamentar, pero no lo siente. Sufre de una incapacidad para vincularse emocionalmente a otro, a un nivel profundo.
De acuerdo a la biblia, El amor es paciente, es bondadoso, y, Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. ¿Quiere decir que hay que disculpar, creer, esperar y soportar todo del narcisista? Pues no, porque también dice, El amor no es envidioso ni presumido ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Por lo tanto, según esta descripción, el amor narcisista no puede ser amor de ningún tipo, a nadie, ni siquiera a sí mismo. Pero si no es amor, entonces, ¿qué es? Porque la dinámica del narcisismo no es intelectual. No hay un debate de punto y contrapunto, a ver quien gana el argumento. En el fondo de todo lo que ocurre hay una estira y afloja meramente emocional. El narcisista es como un casino que ofrece la posibilidad de ganar, pero al final de cuentas, la casa nunca pierde.
Hay una larga lista de características y rasgos para describir a las personas narcisistas, pero, con excepción del tipo grandioso, puede pasar ignoradas por años. Si hubiese que reducir estas a algo más simplificado, lo más importante sería el nivel de consciencia, en el sentido de tener en cuenta al otro, como también el efecto que tiene su conducta y actitud en los demás. Si se muestra desinteresado, insensible o desdeñoso hacia los demás; si no reconoce, recapacita y se corrige, hay un grave problema. Y, por otra parte, su juicio moral lo cual requiere que tenga una idea clara de sus valores. Si lo que valora es superficial, la posibilidad de tener una conexión profunda será muy baja, por no decir imposible. En cuestiones de amistad la relación con un narcisista es hasta cierto punto más fácil. No es óptimo, pero al menos el vínculo es más flexible y permite mantener cierta distancia. Simplemente hay que tener muy presente que nunca van a cambiar.
Aunque aquí se ha hablado del narcisista en masculino, lo cierto es que las mujeres también pueden ser bastante narcisistas. No es una cuestión de género sino de carácter. Las apariencias engañan y las palabras se las lleva el viento. Los hechos son los que cuentan. Si la imagen presentada no concuerda con la realidad, hay que tener mucho cuidado. La negación, la justificación y la racionalización son trampas. La fantasía no se va a hacer realidad por más amor que ofrezcas. Pero, ante todo, lo más aconsejable es abrir los ojos. Pon atención a la gente que te rodea. También pon atención en lo que tú dices y haces. Nadie en este mundo es perfecto y todos cometen errores, pero hay que tener humildad y reconocerlo. Y si alguien se muestra humilde ante ti, no le digas, no te preocupes, no pasa nada. Mejor dales las gracias porque esa es su obligación moral.
La razón de repetir este tema es porque la gente narcisista va aumentando. Si ahorita se calcula que son una de cada seis personas, en relativamente poco tiempo esa cifra va a ser doble. Ahorita es el momento de inculcar valores en tus hijos para que no sean víctimas ni victimarios. Y no se trata únicamente de las relaciones interpersonales individuales sino también a nivel sociedad. Si tu no los preparas, ¿quién los va a cuidar cuando tú ya no estés? ¿El gobierno, el principal promotor del narcisismo conducido por narcisistas psicópatas? ¿Las iglesias, que están más interesadas en ser progresistas que morales? Si no es posible prevenir el narcisismo, como cosa mínima hay aprender a reconocerlo para evitarlo porque la mala compañía hecha a perder el buen carácter.
Finalmente, hay que responder a la pregunta planteada. Si el narcisista no está motivado por el amor, entonces ¿qué lo motiva? La respuesta es ira. El narcisista no tiene gozo y tiene una vida interior miserable. La única forma de sostenerse es a través del suministro narcisista que obtiene al hacerle la vida de cuadritos a los demás. En el más grave de los casos, el narcisismo maligno, hay odio, el mismo odio que tiene Satanás por Jesucristo. Si el amor no es envidiosa ni egoísta y se regocija con la verdad, ¿cómo va a ser posible encontrar amor con la falsa imagen de un narcisista? Es tan sencillo como amar la verdad o amar la mentira. Es una elección que todos tienen que tomar, y no en un futuro lejano sino hoy, porque el problema ya está aquí y sólo va a empeorar. En todo lo que hagas, pide discernimiento.