Un Odio Milenario

¿Por qué los judíos y los árabes se odian? ¿Por qué no pueden vivir en paz unos con otros? ¿Su disputa es territorial? ¿Político? ¿Racial? ¿Religioso? Si hay que empezar por el principio para darle sentido a esta larga y complicada historia, ¿por dónde se empieza? ¿En 1947, cuando Israel se convirtió en un Estado-nación, o en 1890 a.C., cuando Dios le dijo a Abraham que dejara su hogar y fuera a la tierra de Canaán? ¿O será que hay una historia aún más antigua por contar? ¿Por qué es que nunca se menciona a Canaán, el hombre, cuando se habla de Canaán, la tierra?

Según la Biblia, después de trabajar su viña, Noé se emborrachó y se quedó dormido en medio de su tienda. Dice que cuando su hijo Cam entró en la tienda, “vio la desnudez de su padre” y les dijo a sus hermanos, Sem y Jafet. Entonces, los dos hermanos tomaron algo para cubrir a su padre y entraron a la tienda caminando al revés teniendo cuidado de no verlo. Ahora, no se sabe exactamente qué significa haber visto su desnudez. Algunos eruditos y teólogos bíblicos creen que significa que castró a Noé. Otros creen que significa que violó a su padre, mientras que todavía otros creen que Cam violó a su madre. Lo que haya sido, fue algo muy grave. Cuando despertó Noé de su estupor, se enteró de lo que había hecho su hijo, maldijo a Canaán, el hijo de Cam. Bendijo a Sem y Jafet y dijo que los hijos de Canaán serían los siervos de los hijos de ambos hermanos.

De los hijos de Noé provienen todas las naciones que se dispersaron por toda la tierra. Sin embargo, para efectos del presente, solo se mencionarán los descendientes más relevantes al tema actual. Entonces, los hijos de Cam fueron Cus, Mizraim, Fut y Canaán. De Cus proviene Nimrod, el que estableció Babilonia y de Mizraim los filisteos. Los jebuseos, hititas, amorreos, fenicios, asirios, y muchos otros más, eran descendientes de Canaán. Todos estos pueblos adoraban a dioses paganos, de los cuales Baal y Aserah, también conocida como Astoreth, Astarte, Ishtar, e Isis, eran los principales. Los cultos a estas deidades consistían en ritos sexuales y sacrificios humanos los cuales incluían niños.  

Abraham tenía setenta y cinco años cuando partió hacia Canaán con su esposa Sara y su sobrino Lot. Era un hombre sin hijos, no obstante, Dios le prometió bendecirlo grandemente y hacerlo el padre de una gran nación. Cuando llegaron a Canaán, Lot se estableció en Sodoma y Abraham en Hebrón. Allí, Dios le dijo que toda la tierra hasta donde alcanzaba su vista sería para él y toda su descendencia. Abraham le recordó a Dios que no tenía hijos, pero el Señor le respondió que sería el padre de una nación tan numerosa como las estrellas en el cielo. Abraham creyó en la palabra del Señor, pero después de diez años en Canaán, Abraham seguía sin heredero.

Sarah ya estaba pasada de la edad de concebir. Le dijo a su esposo que tomara a su sirviente Agar, una mujer egipcia, para que le diera un hijo. Pero cuando concibió, Agar empezó a tratar con desdén a su ama. Cuando Sara se quejó con su marido, Abraham le dijo que hiciera lo que quisiera con su sirvienta. Entonces, empezó a tratar a su sirviente con dureza. Sintiéndose miserable, Agar decidió huir, pero un ángel la encontró y le dijo que regresara y se sometiera a su ama. También le dijo que tendría un hijo al que llamaría Ismael. Que su descendencia sería numerosa. Pero le advirtió que sería un hombre salvaje. Que viviría entre sus hermanos, pero estaría en contra todos y todos estarían en contra él.

Un día, Dios apareció ante Abraham y le dijo que haría un pacto eterno con él. Le dijo que sería el padre de muchas naciones. El pacto sería para él y todas sus generaciones siempre que fueran fieles al Señor. Como señal de ese pacto, él y todos los hombres de su casa debían ser circuncidados. También le dijo que Sara sería la madre de naciones y reyes. Abraham río, preguntándose cómo iba a poder darle un hijo una mujer de noventa años. Entonces, Abraham pidió si Ismael podía servirle, pero Dios le dijo de nuevo que Sara tendría un hijo al que debían llamar Isaac, y con él establecería Su pacto. De manera que, a sus noventa y nueve años, Abraham fue circuncidado junto con Ismael quien tenía trece años.

Algún tiempo después, tres ángeles llegaron con Abraham y le dijeron que Dios los había enviado a destruir Sodoma y Gomorra porque el pueblo era extremadamente malvado. Abraham negoció con Dios para que se abstuviera de destruirlos si encontraba diez personas justas. Los únicos justos eran Lot y su familia por lo que los ángeles les dijeron que abandonaran la ciudad y que no miraran hacía atrás. Sin embargo, la mujer de Lot si volteo y quedó hecha una estatua de sal. Lot y sus dos hijas se fueron a vivir en una cueva. Un día, la hija mayor le dijo a la menor que emborracharan a su padre para que tuviera descendencia. Ambas mujeres concibieron. La mayor era madre de los moabitas, y la menor, hija de los amonitas.

Algún tiempo después de dar a luz a Isaac, Sara vio a Ismael molestando a su hijo. Entonces, le dijo a su marido que expulsara a Agar y a su hijo. Abraham estaba dolido, pero Dios le dijo que hiciera como decía su mujer prometiéndole que Ismael también sería el padre de una gran nación porque ser su descendiente. Al día siguiente, Abraham le dio pan y agua a Agar y su hijo y se fueron. Anduvieron vagando por el desierto hasta que les terminó el agua. Desesperada, Agar se sentó a llorar y Dios la escuchó y le habló. Cuando abrió los ojos, Agar vio una fuente de agua y se salvaron. Dios protegió a Ismael. Creció en el desierto y se hizo un gran arquero. Después, su madre lo casó con una mujer egipcia y tuvo doce hijos. Los descendientes de Ismael son los árabes.

Isaac se casó con Rebeca con la que tuvo dos hijos, Esaú y Jacob. Cuando estaba embarazada, los hermanos luchaban en su vientre y se lamentó con Dios. Él respondió que ella llevaba dos naciones, separadas desde su vientre, y que el mayor serviría al menor. Así ocurre, primero, porque Esaú vende su primogenitura a su hermano por un plato de lentejas rojas, y, segundo, porque Jacob después engaño a su padre. Un punto importante en la historia es que Esaú nació pelirrojo y con mucho vello, y cuando nació su hermano lo tenía agarrado de su talón. Como si hubiera luchado por nacer primero. Esaú fue un hombre de campo y se hizo un cazador muy hábil. Jacob, en cambio, fue un hombre hogareño.

Cuando Isaac ya era un hombre anciano y ciego, le dijo a Esaú que fuera a cazar y le guisara algo para darle una bendición. Su madre Rebeca lo escuchó y le dijo a su otro hijo que tomara dos machos cabríos del rebaño para prepararle comida a Isaac para que Jacob le sirviera y recibiera la bendición. Jacob temió que su padre lo descubriría porque era un hombre lampiño, pero terminó obedeciendo a su madre. Cuando estaba lista la comida, Rebeca le puso la piel de los animales en los brazos y pecho de Jacob. Entonces, le sirvió la comida a su padre y le pidió la bendición. Pero Isaac no reconoció la voz de Esaú y le dijo que se acercara. Olió su ropa y, creyendo que era Esaú, le dio su bendición, dándole dominio sobre su hermano.

Más tarde, cuando volvió Esaú con comida para su padre, listo para recibir la bendición, entendió lo que había hecho su hermano. No obstante, le imploró a su padre que le diera una bendición. Entonces, Isaac le dijo que su habitación sería la grosura de la tierra y el rocío del cielo. Que viviría de su espada y sería sirviente de su hermano, pero cuando fortalecía quitaría el yugo de su hermano. Esaú aborreció a su hermano y juró matarlo después de la muerte de su padre. Entonces, Rebeca le dijo a Jacob que se fuera a la casa del hermano ella. Cuando se iba, Isaac le dio la bendición a Jacob y le dijo que no tomara por mujer a ninguna de las hijas de Canaán. Esaú ya estaba casado con dos mujeres cananeas que hacían miserables a Isaac y a Rebeca. Cuando escuchó la advertencia de su padre hacía su hermano, buscó a Ismael y se casó con una de sus hijas.

Después de veinte años, Dios le dice a Jacob que regrese a Canaán. Cuando se acercaba, le envió un mensaje a Esaú, esperanzado a encontrar gracia con su hermano. El mensaje de Esaú fue que iba a su encuentro.  En la noche, Jacob se separó de su gente y durmió solo. Despertó luchando con un ángel hasta casi el amanecer. Le dijo al ángel que no lo soltaría hasta que no le diera una bendición. El ángel le dijo que de allí en adelante su nombre sería Israel porque había luchado con Dios y el hombre y había vencido. Cuando finalmente se encuentra con Esaú, este lo abraza, y los dos lloran juntos. No obstante, cuando Esaú ofreció acompañarlo, Jacob se negó, diciéndole a su hermano que se adelantara. En hebreo, la palabra Edom significa rojo. Esaú era Edom y sus descendientes eran los edomitas y los romanos.

Jacob tuvo doce hijos. De estos hijos, Josué fue el consentido de su padre por ser el hijo de Raquel, la esposa que más amaba. Los hermanos mayores de Josué le tuvieron envidia y lo vendieron en esclavitud diciéndole a su padre que lo había matado un animal salvaje. Pero Dios protegió a Josué y terminó siendo un líder en Egipto. Cuando hubo hambruna en Canaán, fue Josué el que salvó a su familia donde finalmente fue reunido con su padre. Los doce hijos de Jacob componen las doce tribus de Israel. Estos son: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Zabulón, Isacar, Dan, Gad, Aser, Neftalí, Josué, y Benjamín, que fue el último hijo de Raquel antes de morir. Por una variedad de motivos, fue Josué el que heredó el pacto de Dios con Abraham. Los israelitas permanecieron en Egipto muchos años después de la muerte de Josué. Prosperaron y crecieron en número, lo cual preocupó al faraón de esa época lo suficiente como para esclavizarlos.

Dios los liberó y con Moisés como su líder, iniciaron su regreso a la tierra prometida. Cuando estaban en Sinaí, Dios apareció ante los israelitas y les dio los mandamientos y leyes con los cuales estableció un pacto con ellos y los israelitas prometieron ser fieles. Luego, Dios le dijo a Moisés que subiera al monte Sinaí, donde le daría los mandamientos y las leyes divinas escritos en tablas de piedra. Después de cuarenta días, Dios le dijo que regresara con los israelitas porque ya estaban haciendo cultos a otros dioses. A diferencia del pacto con Abraham, estaban condicionados a ser obedientes. Pero cuando Moisés bajó del monte, los israelitas ya estaban adorando un becerro de oro. Furioso, Moisés aventó las tablas de los mandamientos y destruyó el ídolo que habían creado.  Los levitas fueron los únicos que se mantuvieron fieles a Dios por lo que fueron consagrados como los sacerdotes.

Cuando ya estaban cerca de Canaán, poco antes de que Moisés muriera, Dios le dijo que después de su muerte, los israelitas se prostituirían con otros dioses, rompiendo el pacto. Abandonarían al Dios que los sacó de Egipto para ser adoradores de Baal y Aserah y, entonces, Él los abandonaría y dispersaría. Estando en Canaán, cada tribu, con excepción de los levitas, estableció su propio territorio, pero con frecuencia había conflictos entre ellos, precisamente porque muchos de los líderes eran corruptos. Mientras los israelitas eran obedientes, Dios los protegía y prevalecían contra sus enemigos. Pero cuando eran desobedientes y abandonaban a Dios, lo cual hicieron muchas veces, eran atacados y derrotados por sus enemigos.

Los israelitas eran un pueblo dividido, pero querían ser como las demás naciones que los rodeaban y exigían un rey. Hasta entonces, su único soberano había sido Dios. Bajo el rey Saúl se unieron como un reino. Después, fue el rey David, el que mató a Goliat el filisteo en su juventud. Con David, Dios estableció un nuevo pacto con Israel. Prometió que de la tribu de Judá y de los descendientes de David vendría un Mesías y establecería un reino eterno. Sin embargo, después del Rey Salomón se dividieron en dos reinos. Las diez tribus del norte mantuvieron el nombre de Israel y las tribus de Judá y Benjamín en el sur se convirtieron en el reino de Judá, el territorio más grande.

El reino del norte pronto cayó en la idolatría y abandonaron a Dios. En 722 a.C. fueron conquistados por los asirios y fueron dispersados. Algunos se integraron al reino de Judá, mientras que otros se integraron a otras naciones. Por eso los llaman las diez tribus perdidas. Un siglo después, el reino del sur, los judíos, fue conquistado por los babilonios y destruyeron el primero templo que el rey Salomón había construido para Dios. Luego en 372 a.C., los persas conquistaron a los babilonios. Cuando Ciro se convirtió en rey de Babilonia, permitió que los judíos regresaran a Israel. Después, Persia cayó en manos de Alejandro Magno, los judíos quedaron bajo el dominio griego. El último exilio fue a manos de los romanos quienes destruyeron el segundo templo.

Después de la caída de Roma, la parte oriente del Imperio Romano, también conocida como el Imperio Bizantino, continuó existiendo en Constantinopla. Para entonces, ya había una presencia musulmana significativa en la zona. En el siglo VII, mientras los bizantinos estaban agobiados por guerra y plaga, lograron tomar territorio incluyendo a Jerusalén. En el mismo lugar donde estuvo el segundo templo judío, construyeron la Cúpula de la Roca, y allí sigue hasta la fecha. Los otomanos, que son los turcos, tuvieron dominio por más de seiscientos años hasta la caída del imperio a principios del siglo pasado. El territorio palestino que, alguna vez estuvo gobernado por los otomanos, pasó a ser un estado de mandato británico después de la segunda guerra mundial. Aún falta hacer un resumen sobre los acontecimientos del siglo pasado y su impacto en el momento presente, lo cual ser hará en una segunda parte.

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